miércoles, 16 de noviembre de 2011

Under our feet

La primera vez que la vio, ni se le ocurrió que pudiera ser el amor de su vida. La segunda vez que la vio, cuando se encontraron por casualidad, pensó que sus ojos eran interesantes. La tercera vez le conversó un poco más, y se dio cuenta de que su sonrisa era más brillante que cualquier otra que hubiera visto. La cuarta vez la invitó a tomar un café, y cuando se emborrachó le cantó una canción de amor.
Después perdió la cuenta.


La última vez que la vio, tenía los ojos cerrados, y no sonreía. Aun así, todo lo que pudo pensar fue que ella era la mujer más hermosa del mundo. La miró en silencio varios minutos, y cuando echaron el primer puñado de tierra, supo que también era el entierro de su propio corazón, que se iba a quedar para siempre anclado ahí, a tres metros bajo tierra.

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