jueves, 5 de septiembre de 2013

Tiempo

Había estado todos estos años muy segura de quererte. Pero entonces cometiste esa serie de errores insignificantes, detalles minúsculos como decir las una, dejar la luz del baño encendida o doblar la punta de la hoja de alguno de mis libros.
Lo más seguro es que algo se había trizado en mí hace tiempo y simplemente no me había dado cuenta, pero cuando me trajiste el té con tu alegría de siempre y me besaste la punta de la nariz, supe que había olvidado cómo, que ya no te iba a querer más. 

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